Por Mariela Fuentes Leal,

Académica e investigadora UdeC, directora de la Cátedra Gonzalo Rojas.

Entre el dolor y la esperanza. La poesía de Raúl Zurita (2025), editado por David Martínez y Franco Navarro y publicado por Editorial Misceláneo, es una interesante lectura colectiva y situada de la obra del poeta chileno. El volumen reúne ensayos, reseñas y poemas escritos por estudiantes de Coronel, quienes convergen alrededor de una pregunta: ¿cuál es la responsabilidad de la poesía frente a los muertos, los desaparecidos y quienes han sido excluidos de la historia?

La primera parte del libro gira en torno a la tragedia, la familia fracturada y los ausentes, motivos que resuenan con especial fuerza en Canto a su amor desaparecido, donde el padecimiento materno es sinécdoque de una Latinoamérica afligida, mientras el cuerpo individual refleja las heridas del cuerpo colectivo. Según Benjamín Muñoz, esta vocación poética configura una suerte de Anteparaíso zuritiano en el que negación y utopía pendulan entre la catástrofe y el porvenir. Montañas, desiertos y mares dejan de ser meros escenarios para convertirse en sujetos poéticos y políticos. En este sentido, Valentina Verdejo interpreta la naturaleza como testigo de la dictadura y como posibilidad de recomposición de la experiencia fracturada en la medida en que el paisaje opera como un archivo de la violencia y resguarda una memoria latente que la poesía vuelve perceptible. David Martínez cierra esta sección con un análisis de Canto de los hijos solos, donde las ruinas y las voces relegadas sostienen una memoria todavía viva. Si bien algunas contribuciones, debido a su brevedad, funcionan más como aperturas interpretativas que como análisis exhaustivos, el conjunto mantiene una coherencia temática que favorece una lectura amena.

Las tres reseñas dedicadas a Purgatorio (1979) y El amor de Chile (2002) amplían estas inquietudes y muestran cómo la fusión del sujeto con la naturaleza cartografía un país suspendido entre el infierno y el cielo: árboles, piedras, valles y aguas resguardan aquello que la historia oficial calla. Así, la escritura revela también una geografía capaz de sentir, amar y participar del duelo. De ahí que poesía e historia recojan fragmentos de un mundo en ruinas y les restituyan una voz capaz de atravesar el infierno político y vislumbrar un horizonte, aunque precario, de esperanza y reparación.

La segunda parte traslada estas preguntas a estudiantes de segundo ciclo básico y de enseñanza media para adultos. ¿Cómo hablar después de la violencia cuando el lenguaje no basta? En la poesía de Zurita, daño e imaginación están dolorosamente emparentados, en tanto la palabra habita el sufrimiento, pero también deposita en él una promesa de esperanza.

Los estudiantes de Coronel llevan estas intuiciones a su propio territorio. Si en la obra de Zurita aparecen América, la Antártica y el desierto, en sus poemas emergen el Biobío, la cordillera, el barrio y una zona carbonífera marcada por la reconversión industrial y la precariedad. Esta poesía situada hace del margen un espacio en el que quienes escriben pueden reconocerse al observar y nombrar aquello que habitan y, de este modo, disputar su invisibilidad.

Palabras, manuscritos y figuras hacen de la página una superficie plástica que dialoga con los procedimientos creativos de Zurita. Entre los textos destaca “Cordilleras”, de Pía Riquelme Gavilán, estudiante de séptimo básico: “La vida / es como una rosa blanca camuflada en una montaña / llena de nieve”. En apenas tres versos, la imagen y el cromatismo sugieren cuán difícil es reconocer la vida bajo una blancura aparentemente uniforme.

Entre el dolor y la esperanza es, en definitiva, una composición singular en la que crítica y creación dialogan sin estorbarse. Su mayor logro es demostrar que la poesía de Raúl Zurita no solo admite nuevas lecturas, sino que también, en manos de lectores jóvenes y adultos, puede convertirse en testimonio, memoria activa y lugar de encuentro.

(Publicado en Diario Concepción)